Comunicando sentidos y sentires desde las diversidades sexuales

FORMAS DEL EJERCICIO CIUDADANO...Nuestra oficial de enlace quiere poner a marchar a policías y LGBTs en Medellín




Tania Rodriguez Salomón

Con 24 años de edad y 6 de carrera, esta mujer boyasense salida de colegio de monjas, recia de uniforme pero dulce de civil, anhelante de continuar su carrera de derecho, con 600 hombres directos a cargo y otros tantos en situaciones especiales, y unos grandes ojos que le delatan las sensaciones de timidez o de alegría, tiene en sus manos el compromiso de que ciudadanía y policía entiendan y respeten a las personas LGBT con quienes comparten a diario los espacios públicos y privados en la capital antioqueña.

Policías y LGBTs por los caminos del mutuo respeto y hacia un objetivo común:
una ciudadanía fundamentada en la legalidad y la convivencia.

Llegué el 23 de septiembre de 2007 a trabajar en la Metropolitana, inicialmente encargada del CAI San Antonio en Candelaria. Después de toda la época de diciembre, en enero del 2008, mi general Pedreros me llama y me dice que me va a signar una tarea en la que se necesita mucha responsabilidad, y sobre todo, poner un poco más que ser policía, es decir entregar mas de mi persona para que funcionaran las cosas. El trabajo, concienciar a la población uniformada del trato que teníamos que tener en estos momentos con la población LGTB.
No tenía ni idea que era eso de LGBT, pero el general me explico y me puso al día sobre que el año anterior habían llevado el tema a una reunión en la alcaldía, se había propuesto lo del oficial de enlace y desde ese momento asumió el programa una subteniente.
Inicialmente yo pensé que era por las quejas y por todos los procedimientos y atropellos que se habían presentado durante todos estos años. Pero muy rápido me di cuenta que esto iba más allá. Era darle difusión, hacer campañas, y especialmente la parte pedagógica, no solo con la policía sino con la comunidad.
De entrada si sentí un poquito de susto, primero porque no sabía como me sería la aceptación de la población LGBT, además de que había trabajado en la zona mas critica que es Candelaria y había enfrentado situaciones directas con estas personas y procedimientos en los que posiblemente también fui brusca.
Pero cuando empecé a hablar con Hernando y con todos los que conforman la mesa social y me empezaron a orientar sobre los programas que ya se venían manejando entonces fue más fácil. Lo siguiente fue empezar a leer y descubrir que es un tema muy bonito. Lo que pasa es que uno no le da importancia en su cotidianidad y la mayoría de los policías lo desconocen por completo, ni siquiera saben que es LGBT.

Un gran aprendizaje
En mi carrera ser oficial de enlace me aporta conocimientos porque no en todas las ciudades se da la oportunidad de ejercer un cargo de estos, y a nivel personal la posibilidad de cambiar la mentalidad porque uno con el uniforme tiene que se mas estricto y eso lo puede llevar fácilmente a sobrepasarse. A eso vamos a que el policía entienda los límites para ser estricto y hasta donde tiene que considerar la parte humana y darse cuenta que ser LGBT es normal.
Mi familia me apoya, aprovechan para hacerme los interrogantes del común y yo también les explico todo lo que he aprendido: que es homofobia, cual es la diversidad sexual, y muchas otras cosas.
Con mis compañeros creo que es un poco más difícil. No es fácil que los policías lleguen por completo a aceptar y tener el cambio que he tenido yo. Ellos todavía no se sienten muy bien. Tratan de buscarme aparte para hablarme del tema. O los uniformados de esta población -lesbianas o gays uniformados-, tratan de buscar espacios para pedirme ayuda en el manejo en la institución.
En este medio tan machista en el que estamos los uniformados, es mas difícil que en el pensamiento de ellos que vienen de una esuela de formación donde no se tocan temas como estos, es bastante difícil combatir el estigma pero en eso estamos.

Me gusta mi carrera
Yo ingresé a la institución de 16 años. Salí de un colegio femenino, un colegio de monjas, a los 15 años y tuve que esperar hasta los 16 para ingresar a la Escuela General Santander en Bogotá, y este es mi segundo año como teniente efectiva. Me gradué de subteniente en diciembre del 2002. Me ha ido muy bien en estos años de carrera. No todas las cosas son fáciles pero las cosas difíciles a una le traen de igual manera posibilidades de felicidad en tanto se les saque provecho para la parte personal y profesional.
Tengo sueños profesionales, buscar que vean mi trabajo y ganarme un espacio para continuar los estudios de derecho. Me gusta mucho el derecho, la norma.
Admiro mucho a las señoras oficiales en el grado de coronel que están haciendo academia para general y ojala se dé la oportunidad, pues hace algunos años se dio la oportunidad en este país de cambiar la mentalidad y la cultura en cuanto a las mujeres y darse cuenta que nostras podemos desempeñar cargos.
Yo de civil soy otra persona. Con el uniforme soy alegre pero fuerte de carácter. De civil soy demasiado tierna, sentimental, espiritual, me encanta hacer deporte, sobre todo patinar, volar parapente, me encanta la música suave, instrumental.

Hay momentos en que debo ser una mujer dura
En la institución a uno le toca asumir un poco mas de firmeza, rudeza. Yo en estos momentos por ejemplo estoy de segunda de un grupo bastante grande de hombres, más de 400 hombres, donde solamente somos 3 mujeres que estamos en la parte operativa, la más antigua soy yo, y de todo el personal la segunda más antigua soy yo. Se necesita ser una mujer dura.
Yo directamente a mi cargo tengo 60 hombres, pero en ocasiones cuando mi capitán, el comandante del grupo Coran -los motorizados- está de permiso o tiene alguna situación extra, la que tienen que asumir, estar encargada, soy yo. Entonces es difícil, por ejemplo darle órdenes a un sargento que por edad y trayectoria puede ser hasta mi papá.
Cada oficial tiene su forma de trabajo. Aunque todos nos formamos en la misma esuela, con unos parámetros y unas normas ya establecidas, Cada uno le pone un poquito más de empeño dependiendo de su personalidad. Yo por lo menos, pienso que le he entregado más porqué he estado muy pendiente de que alguien nos colabore y de que entidades se unan y nos colaboren. Que este no se siga manejando exclusivamente en lo clandestino, en Internet, por ejemplo, si no que hable abiertamente como se hablan muchos temas acá.

Cuatro meses muy fructiferros
En estos primero cuatro meses como oficial de enlace me ha ido bien, hemos avanzado bastante, hemos ganado espacios como por ejemplo el programa radia enlace lGBT. La idea es que la policía, el ejercito, las instituciones y la ciudadanía se unan a nosotros y todos hablemos un mismo idioma.
Mi general pedreros aparte de su uniforme y su exigencia es muy humano y el analiza mucho al oficial y al policía en general, yo pienso que lo he desempeñado bien y a el le ha gustado mi trabajo. Esto es algo que me ponen en la vida a asumir y lo asumí.
Lo más difícil es el hacer entender a los señores oficiales que todos deben unirse y colaborar con esto. Que bueno sería que un oficial en cualquier jurisdicción, un señor oficial superior, me llamará y me pidiera explicaciones sobre el tema, es decir que tome la iniciativa que no sea sólo porque yo piensa y por que soy la oficial de enlace y debo hacer ese programa, si no que ellos realmente sientan la necesidad de que venga alguien a hablar y explicarnos del tema.
La policía enlace no solo es para las personas LGBT de la zona del centro, de la noche o de la rumba, muchas personas que habitan otros sectores pueden sentir vulnerados sus derechos al ejercicio ciudadano. No tienen la posibilidad del respaldo legal para salir del closet, por sus cargos o incluso por el estrato en el que habitan. Ahí y como personas contaran con el respaldo de la seguridad oficial para ser, para manifestar sus identidades sin peligro de ser atropellados ni por la ciudadanía ni por la fuerza publica.
Yo quisiera llegar a que toda la comunidad por lo menos de esta ciudad entienda y respete los espacios y las manifestaciones de la poblaron LGBT y se una nosotros con campañas; que nos colaboren en eso y que de pronto ayudemos también a otras poblaciones vulnerables con las que en algunos escenarios se cruza esta población, como personas en situación de prostitución, indigencia, menores en situación de calle; algunas de estas personas también LGBTs. Capacitarlos a ellos para que se vinculen al ejercicio ciudadano desde la legalidad.

Un trabajo en el que todos tenemos un compromiso
Mi general pedreros le ha puesto todo el interés a que esta figura salga a delante y yo le estoy colaborando al máximo.
En próximos días tendremos un CAI rosa móvil, que no solo operara en la zona del centro, sino que recorrerá los barrios y comunas de Medellín prestando accesoria profesional y legal en la temática LGBT para hombres, mujeres, niños y adolescentes y sus familias.
Partimos del presupuesto de que ninguna persona debería sufrir ni ser maltratada, ser causa de violencia intrafamiliar, barrial, laboral, escolar, ni en general ser excluida de su condición de ciudadanía por ser LGBT.
Por eso le pido a la población LGBT que me den sugerencias y que me colaboren para que mi vos haga eco y de acá a finalizar el año, como mínimo, la ciudadanía en general de Medellín sepa que es LGBT.
Y a los uniformados que dejemos los mitos y toda la parte cultural que nos han inculcado con relación a esta población y que aceptemos a estas personas como eso, personas comunes y corrientes y les ayudemos a tener una vida normal, tranquila, sin problemas ante todo el mundo y ante los uniformados.
En eso estamos y esperamos continuar con un muy exitoso trabajo que permita que policías y LGBTs nos respetemos y nos colaboremos en hacer de Medellín una ciudad que convive en medio de las diferencias.

ARTES Y OFICIOS... una mujer artista de Medellin que ama a otra mujer


“Hacer activismo
es poder salir a la calle con imágenes
que trasgredan la iconografía heterosexual
y proponer que la realidad
es mas amplia y esta llena de matices.”

Es Artista Plástica de la Universidad de Antioquia, Ganadora del primer premio del Salón Nacional de Arte Universitario en Bogotá, en 2007, graduada con honores y becada por la misma universidad para realizar estudios de posgrados. Actualmente es Coordinadora de Curaduría en el Museo de Antioquia, esta joven mujer lesbiana quiere aportarle a AMAM (Asociación de mujeres que aman mujeres en Medellín), al movimiento lésbico y al LGBT, una movilización critica fundamentada en la imagen.


Soy artista plástica de la de Antioquia, termine hace un año. Tengo un gran interés por la publicidad, el diseño, la imagen en general, ya que es el lenguaje primero con el que accedemos al mundo y es también con el que se nos educa y se fijan gran parte de los imaginarios que construyen nuestra cultura occidental. Nunca tuve clara mi profesión, en realidad me decidí a ser artista con el formulario de la Universidad en la mano. Fue difícil, pues cuando decides ser artista no recibes mucho apoyo ni de tu familia, ni de tus amigos, creen que estas eligiendo una vida de pobreza, de vivir de vender artesanías (respeto quienes lo hacen son opciones de vida, solo que es un imaginario construido acerca de ser artista) Afortunadamente he trabajado mucho y tengo un buen empleo y opciones de seguir o cambiar mi camino, pues tengo un amplio espectro de desempeño profesional.
Yo me hice conciente de mi elección sexual mucho después de elegir estudiar artes pero, ahora es una herramienta muy importante porque es un medio que me permite transgredir, es un medio de comunicación más, muy importante en la actualidad. Todavía no lo he trabajado pero se que me va a permitir hablar de muchas cosas que quiero hablar, El arte te permite hacer cualquier cosa incuso desnudarte. El arte rompe muchos límites y no tiene problemas de moral ni de esos asuntos. No creo ver diferente al arte solo por ser lesbiana. Lo proyecto si de una manera particular, por mis intereses y por mi pensamiento particular, pero no solo por ser lesbiana.
Ser artista y sobre todo estar en una Universidad pública, como la Universidad de Antioquia que tiene un ambiente y unas condiciones sociales que permiten que uno tranquilamente pueda ser, no es lo mismo, pienso, que estudiar en una universidad privada, o que enfrentar las condiciones del barrio donde no se tiene acceso a un estudio ni un medio que posibilite ese contacto con otras personas.
Para ser artista tienes que ser muy abierto, pues el arte se alimenta de la vida de lo que uno es, de lo que te gusta y lo que no, de tus miedos entre otras muchas cosas. Hacer arte implica desnudar lo que uno es y piensa incluso con uno mismo, y no se si sea una ventaja o no, pero el ser artista como que te da el permiso de hacer otras cosas, es un estilo de vida que permite transgredir, te da permiso de ser “diferente”. En este sentido el mundo del arte es un espacio que convive con la diversidad sexual, y de pensamiento, y no solo convive sino que se alimenta de ellas y de todo lo que implica existir. El arte es un medio para hacer activismo y para mi esa es la posibilidad. Dentro de AMAM estoy apuntándole a eso y siempre insisto en la imagen. Hacer activismo es poder salir a la calle, por ejemplo, con imágenes que trasgredan la iconografía heterosexual que domina la publicidad, el cine, la TV, y proponer que la realidad es mas amplia y esta llena de matices, que en la medida que aceptemos esas imágenes estamos aceptando que hay un otro a mi lado; que existe y es diferente a mi.
Yo me siento un poco rara haciendo fuerza por algo que para la mayoría de la gente activista no es tan importante, (asunto que me resulta contradictorio) el asunto de la imagen. Yo lo único que pretendo es compartir con ellas, con mis compañeras mujeres que aman mujeres, mi profesión, y poder enseñarles que es eso del arte y para que sirve, que el arte no solo es lo bonito, no son las cosas bellas, no es amarillo mas rojo igual anaranjado, sino que el arte se hace a través de conceptos, del desarrollo de una investigación o de unas ideas, que luego se traducen en imágenes, acciones, instalaciones, sonidos entre otros.
A mi me descompone que me digan marimacha porque lo dicen de una manera peyorativa como si eso negara toda mi competitividad profesional, como si la condición de lesbiana me sacara de la condición de ser humano. Igual me han dicho niño, muchachito, por que tengo el cabello corto, pero esto no me preocupa, precisamente en esa medida uno esta cuestionando que es eso que la cultura occidental a definido que es lo masculino y que es lo femenino, pues el sexo es una condición biológica, pero el genero es una construcción cultural.
Con relación al estilo de ser de otras mujeres que aman mujeres, primero son gustos, cada quien elige y se identifica con unos elementos, sean “masculinos” o “femeninos”, yo no tengo problemas con esas cosas, soy muy abierta, y me parece contradictorio tener una especie de lesbofobia con las mujeres que son mas masculinas. Aunque también me hago una reflexión, ¿hasta que punto estas mujeres están copiando conductas o normas heterosexuales?, porque todo en nuestra cultura apunta a que si amas a una mujer entonces eres un hombre o te debes ver como uno. Hago entonces esa reflexión, hasta que punto es una elección o hasta donde es una copia del mundo heteronormativo.
Lo que me gusta de otra mujer es sentir tranquilidad, cariño, amor de por medio y que tengan un buen sentido del humor (importantisimo), esto me lo da una relación donde no existen los roles de alguien que domina y alguien que es dominado, esto me lo proporciona una relación de iguales
Mi mamá sabe y adora a mis parejas y se pone triste cuando se van o algo anda mal con ellas. Desde que decidí contarle a mi mama, estoy más tranquila, llevo una vida mas tranquila. Ella por ejemplo nunca me ha dicho que no le gustan las mujeres mas masculinas, aunque si me lo da a entender en algunas circunstancias.
Como mujer lesbiana le tengo miedo en Medellín al espacio público, porque a uno le da sustico que te puedan agredir en algún momento, ahora tengo un poco de prevención ya que me han sacado de algunos espacios. A mi me dan deseos de besar a mi novia en la estación de metro para despedirme y lo hago. En algunos centros comerciales si te sacan inmediatamente y el administrador nunca se encuentra para uno hablar con él, o esta ocupado, o ya se fue o esta en el baño.
A partir de esas situaciones me da un poco de temor expresar mi afecto en lugares públicos. (no debería ser así, todas las parejas heterosexuales expresan su afecto donde quieran). Pero también esto me sirvió para que me decidiera a involucrarme un poco con la lucha por nuestros derechos y se me ocurrió, regalar mi trabajo para hacer cosas que vayan con esta causa, y así termine encontrando a AMAM. Una amiga que conocía el grupo, pero que siempre había estado muy prevenida de ir, pensando: ¿qué cosas van a hablar allá? Y un día nos decidimos a ir. Yo sola no habría llegado allá. Me encanta además que el concepto sea mas abierto, mujeres que aman a mujeres.
¿Por que no puedo expresar mi afecto en el espacio público? Hay muchas personas gay, lesbianas, trans etc que se autocensuran diciendo: pero es que vos te pones a dar esos espectáculos, con razón te sacan, Ya lo tienen introyectado, ya la sociedad heteronormativa los ha convencido que lo correcto es que se escondan.
Yo me sueño a AMAM, haciendo escándalo, en el buen sentido de la palabra, siendo un lugar de encuentro y debate para muchas mujeres en la ciudad. Me veo mas adelante en la calle con otras mujeres haciendo, educando a través de imágenes, música, acciones y palabra.

ARTES Y OFICIOS... un empresario y emprendedor marica obstinado en que los comerciantes LGBT se preocupen por movilizar mucho mas que dinero


Todos los maricas somos dos estratos más que nuestras familias y eso debe servirnos para echar para adelante, y no para generar endofobia y rechazo hacia nosotros mismos.

Dice Gabriel Alvarado Mosquera un llanero haciendo empresa internacional y organización social LGBT desde Medellín – Colombia.

La historia dice que yo nací en San José del Guaviare zona de guerra y de machos, hijo de alcalde macho y machista y hermano de secuestrados, pero me registraron en Villavicencio – Meta. Me fuí de mi tierra para Bogotá a los 16 años porque me enamoré –correspondido por supuesto- de uno de los contrincantes político de mi papá. Aunque el problema no era tanto el amor en si, sino que era liberal y mi papá godo.
Quise estudiar artes y pase a La Nacional, pero mi papá consideraba que eso era para maricas y entonces termine estudiando meteorología aeronáutica y me gradué en eso.
Siempre fui mesero porque mi papá tiene discotecas. Yo le picaba el hielo y allí aprendí. Entonces trabaje inicialmente en La Candelaria en Bogotá. Luego de graduado volví como despachador de aeronaves al Meta y empecé a viajar por el país haciendo mi oficio, hasta que termine viviendo por un año en Bahía Solano. La empresa tenía un premio para el que mas vendiera del plan pacifico verde, en esa ocasión, a la donación Botero en Medellín y Bogotá, recién estaba el boom de la donación Botero y yo me gane el premio. Fue el momento de decidir que quería vivir en Medellín y así fue, pero muy rápido vino la crisis de aviación y me quede sin trabajo, entonces volví a lo que primero sabía hacer mesiar en La Recatta
, un bar gay donde habitualmente me tomaba las cervezas, de alli pase por varios bares y en navidad a vender perros en un carro en la zona de alumbrados. Fui sobreviviendo y haciendo amigos en Medellín, hasta que una amiga lesbiana –Clarena-, me hizo el primer contacto con el que hoy es mi socio –Andres Felipe Correa-. Empezamos a vender tangas y como que era de esperarse por la pésima calidad del producto, se quebró la empresa, pero de ese fracaso surgió la idea de una propuesta realmente innovadora para presentarla a Cultura E. El estudiaba Comercio Internacional en Eafit y yo mientras seguia de mesero en el Lleras.
La primera idea que nos surgió fue la de diseñar ropa medica para pacientes con VIH, pero rápidamente pasamos mejor al concepto de lo gay, apareció un diseñador llamado Andrés Gaviría, que fue el creador de la primera colección con la que ganamos Cultura E.

Yo la verdad no le di mucha trascendencia al premio, pero lo vine a dimensionar cuando me paré en Colombia Moda. Realmente no es el premio, sino la visión de empresa y la posibilidad de conocer al consumidor, que puede generarse desde allí. En nezzio nos preocupamos desde el principio por mover corazones y sensibilidades antes que por mover bolsillos.

Para el avance de esta empresa fue fundamental que yo fuera gay, si volviera a nacer quisiera seguir siendo gay, pues gracias a esto y a las vivencias en torno a esta vida he desarrollado una sensibilidad propia que me permite tener ganado la mitad del camino en lo empresarial. Si no hubiera sido gay, no habrían pasado muchas cosas muy bonitas. Fue Nezzio quien hizo la propuesta de hacer la primera asociación LGBT de comerciantes de Antioquia. Ser la parte gay, la oveja rosada de la casa, hace que yo hable con toda la propiedad del producto. Que cuando exponga el producto y me pare ante empresarios de talla internacional, tenga la empresa incorporada a mí ser.

Mi papá que hoy usa interiores de Nezzio, se enteró cuando abrió la revista cambio y leyó mercado rosa, premios a nivel nacional, y siento que me respeta como hombre, sin que la orientación sexual sea un problema.
Yo pienso que como gay todo es posible. En este momento la sociedad esta preparada totalmente para respetarnos. Lo que hace falta es que nosotros nos auto valoremos y nos decidamos sin miedo a decirlo y a asumirlo. Muchas empresas están incluso seleccionado personal preferiblemente gay.
Como gays podemos acceder a las posibilidades sociales si creemos y si creamos las oportunidades, si vos no crees las cosas por dentro de vos, no podes convencer a nadie, no podes hacer nada. Uno se vuelve atractivo cuando estas seguro de lo que estas haciendo. Yo me paro ante los públicos y les digo “por ser marica estoy aquí contándoles una historia de moda. Cuando nos ganamos el premio Antojate de Antioquia no iban a decir que era de sensibilidad gay, y entonces les dije que si no lo decían rechazábamos el premio por Homofobia. Y entonces el presentador lo dijo: la única empresa gay que en Latinoamérica estudia las sensibilidades desde el punto de vista moda. Esos son actos de visibilización, de orgullo, político.

Sueño con contarle la historia a todo el mundo, con inspirar desde esa historia a otra gente, además como un aliciente para que dejemos la homofobia entre nosotros mismos. Aspiracionalidad es la palabra que debemos mantener en mente las personas LGBT, es decir que hay que andar con la inteligencia alborotada, esa es la mejor manera de salir del closet.

Para comunicarse con Gabriel Alvarado escribale al correo electronico: nezziounderwear@gmail.com

FORMAS DEL EJERCICIO CIUDADANO...inscriben su Unión Marital de hecho ante notario en Medellin


Luego de siete años de convivencia

Manuel José y John Alejandro

inscribieron su Unión Marital de hecho

ante notario el viernes 7 de diciembre en Medellín

Para ver las fotos del evento haga click en el link a la derecha: Fotos del ciudadano gay.

A las 2:30 de la tarde del viernes 7 de diciembre, en la Notaria Segunda de la capital antioqueña, Manuel José Bermúdez Andrade, Periodista y Docente Universitario, conocido como el ciudadano gay de Medellín y su compañero permanente desde hace siete años, el profesional en Educación Física John Alejandro Rodríguez Ramírez, suscribieron su unión marital de hecho como pareja homosexual, amparados en la sentencia C-075 de 2007 emitida por la Corte Constitucional Colombiana.

La pareja de hombres gay han convivido bajo el mismo techo en uno de los barrios de la comuna nor-occidental de Medellín, desde el 3 noviembre de 2000, luego de que firmaran la escritura pública 02493 en la notaria 46 de Bogotá, acompañados en calidad de padrinos por la reconocida feminista Florence Thomas, y el catedrático Antonio José Restrepo. Lo anterior les da derecho a acogerse a la sentencia de la corte para, entre otros beneficios, hacer legalmente la inscripción mutua al Sistema General de Seguridad Social en Salud.

La unión formal de John Alejandro y Manuel José, marcó un hito en la historia reciente de los logros de libertades para el sector LGBT en Colombia, en tanto fue destacada en su momento por los medios de comunicación nacionales e internacionales como el primer matrimonio homosexual público en Colombia y posteriormente reconocida como una de las 100 hazañas de colombianos, al lado de personajes de las artes, las letras, la medicina, la industria y el deporte, en una separata publicada por el periódico El Espectador, el 22 de julio de 2001. El mismo medio de comunicación publicó el sábado 4 de noviembre, al siguiente día de la unión, en primera página con foto de cabezote a dos columna de la pareja de hombres dándose un beso: Nos vamos a querer toda la vida. Sentencia que hoy 7 años después parece hacerse realidad, según lo expresan los firmantes, al poder declarar su unión Marital de hecho.

Para el ciudadano gay de Medellín, este no es solo un mero asunto legal, es también la satisfacción de disfrutar de un logro del que fueron gestores con su osadía hace siete años, y que esperan sea un eslabón más en la consecución de sus derechos fundamentales como personas y como ciudadanos de un país del que también son parte. Por eso al acto de escritura pública, que no tendrá las pompas ni será el gran evento del 2000, sino una simple estampación de firmas, están convocados, mas que a asistir, a reflexionar sobre lo que significa vivir juntos felices y en paz, en un país que lo que menos necesita es abonarle al conflicto y a las separaciones sociales en buenos y malos, mejores y perores, legales y desconocidos por la ley. Todos en Medellín y Colombia, tenemos derechos a ser felices al amparo de la ley.

wwww.manuelbermudez.es.vg Móvil 300 379 39 00 ciudadanogaydemedellin@gmail.com

Medellín - Colombia

ARTES Y OFICIOS...terminamos siendo Mártires del Deseo...nos enrostra en su novela el escritor Cesar Alzate Vargas


MARTIRES DEL DESEO
LA NUEVA NOVELA DE
CÉSAR ALZATE VARGAS
Movil:301 233 5454. borealia2@hotmail.com

El libro está en las librerías comerciales desde la última semana de noviembre de 2007, con un costo de $30.000 el ejemplar. Quienes tengan dificultades para encontrarlo, pueden comunicarse con el Ateneo en Medellín (4) 216 0708, diverciudad@ateneodemedellin.org o directamente con el autor a: borealia2@hotmail.com

Uno

El muchacho estaba a solas en el apartamento

Fragmento del capitulo uno (p 37-44) ... las citas al final del texto

Los jesuitas habían hecho de su universidad el medio idóneo para acumular las dos cosas que más les interesaban: dinero y poder, ofreciendo a cambio la quimera del conocimiento, y la proclamaban como propicia para el encuentro de clases: las clases altas de esa capital y de muchas ciudades. Herederos de la élite, a sus discípulos se los llamaba con sorna ‘estudiantes pitillo’. Esto es, hechos de plástico y vacíos por dentro, como los tubitos que se usaban para beber refrescos. Circulaba un chiste según el cual en la universidad de Nicolás Antela la carrera más difícil de pasar —aprobar— era la Séptima. Aludía a la avenida sobre la que se levantaba la ciudadela académica. Sátiras no del todo injustas, pero en cambio un diploma de la Compañía de Jesús otorgaba a su tenedor el acceso automático a los puestos de privilegio de la burocracia colombiana. Y ni qué decir de las puertas que abría en Borealia. Nicolás Antela tenía plena conciencia de que su universidad era un refugio de ensueño para un joven como él, que había abandonado su país en un momento histórico en que lo mejor era irse de allí. La de Bogotá fue por demás una de esas épocas engañosamente tristes, a las cuales el recuerdo libera de toda desazón para entregárselas a la nostalgia con una mayor carga de alegría de la que en realidad tuvieron. Porque en Bogotá la tristeza era una bonita forma de verse.

—¿Aló?

—Hola.

Era la voz esperada. Los labios.

—¿Dónde estás?

—En el aeropuerto.

—¿En Eldorado?

—Todavía en Rionegro.

—¿A qué hora sale el vuelo?

—En cuanto retiren las cabras de la pista.

—¿Quieres que te recoja?

—No, no quiero hacerte esperar. Yo mejor cojo un taxi cuando llegue.

—Okei. Tráeme un suspiro de Medellín.

—Te llevo a mí.

—Lo mejor de tu tierra.

—Te amo.

—Yo también te amo —mintió un poco, pero el ser que le traía ese cuerpo deseado y esos labios exquisitos merecía escuchar las palabras que le harían feliz.

Dicho ser tenía por nombre Esteban Robledo. Se conocieron en la universidad de los jesuitas, cuando el uno estudiaba ciencia política y el otro comunicación social. Se enamoraron, porque Robledo lo descubrió en la cafetería central y no le habló: se limitó a maravillarse en silencio, a sufrir como todas las veces que se enamoraba. Lo reencontró en los camerinos, y fue como que no se veían. En las duchas le hizo un saludo casual. Lo esperó afuera. Salió, lo perdió, esperó, lo vio de nuevo. Cada uno se sentó a un lado de la plazoleta, y seguía siendo como que no se veían. Esteban Robledo se levantó sin saber si abordarlo o largarse y optó por lo segundo; pero recorridos cien metros se sentó a mirarlo. Luego Nicolás Antela se fue y Esteban Robledo lo perdió, y al rato lo vio una vez más: lejos. Lo perdió de vista. Y luego deambuló por toda la universidad, pensando que sus historias de amor siempre saltaban de un buen encuentro a un abandono doloroso sin pasar por un desarrollo feliz. Le dedicó un poema de Jacques Prévert que terminaba así: Que nunca más volarás/ Dejando un árbol por otro/ Como esos pájaros[1].

Nicolás Antela, por supuesto, había notado que Esteban Robledo estaba detrás suyo por toda la universidad. Esperó a que reapareciera en la cafetería central. En cuanto lo vio acercarse, caminó a su encuentro y lo mató de sorpresa.

—Ya que al parecer vas a perseguirme el día entero —lo enfrentó—, por lo menos acompáñame a tomar un café.

Esteban Robledo se paralizó.

—Ven —insistió Nicolás Antela—. Te invito.

Compraron el café sin hablar. Lo bebieron a sorbos; Robledo temblaba. Y se largó en un torrente de palabras como el cielo de Bogotá en lluvias: en exceso, de repente.

—No entremos a clase —propuso, dieciocho declaraciones más tarde.

—¿Hasta cuándo?

—Nunca más entremos a clase. Quedémonos afuera toda la vida; juntos, vos y yo.

No fue eso lo que hicieron, desde luego. Que dos hombres, por mucho amor que los incendie, no tienen tanto fuego en el alma como para llevar a la práctica lo que sus corazones desaforados proponen. Todas las pasiones se enfrían y alguna vez degeneran en tedio. Ambos entraron, no a esa, pero sí a la siguiente clase y a muchas más, porque ambos, por encima del amor, eran hombres destinados a convertirse en profesionales de éxito y cultivadores en orden progresivo de abdomen, canas, flacidez, abulia, alopecia, apolillamiento en el alma.

—Yo nunca persigo a nadie —declaró al final Esteban Robledo, con el viso más coqueto de la voz—. Usted es la excepción —y guiñando con torpe encanto el ojo izquierdo, forzó el tono hasta una súplica con dignidad—. Llámeme.

Ese fue el detalle que prendió a Nicolás Antela. Se le ocurrió una pregunta juguetona:

—¿A quién traicionarías por amor[2]?

Era un juego diseñado para que Esteban Robledo pudiera desembarazarse de la declaración cursi que lo ahogaba desde el comienzo.

—A mí mismo —respondió, claro—. Lo he hecho siempre.

Y se solazó con el remolino de dolores que llevaba, por ubicarlo en algún rincón de su geografía, en el corazón.

Salieron de la universidad en la motocicleta de Esteban Robledo. Por allá lejos él se movió un poco hacia atrás para acomodarse y los muslos de Nicolás Antela se llenaron de sus nalgas y las venas de deseo. ¡Dios mío, se dijo con el viento frío palmoteándole el rostro: estoy babeando!

Dieron una vuelta sin sentido por la ciudad, hasta desembocar en el edificio donde vivía Esteban Robledo, ubicado a escasas cuadras de la universidad, frente a un parque donde se pecaba y se respiraba.

—Sigue —invitó Esteban Robledo—. Cocinaré mientras hablas.

Nicolás Antela esperó en la sala a que él se cambiara y luego lo siguió a la cocina. Su anfitrión se ocupaba de trastos e ingredientes y no hablaba. La situación lo obligó a ser quien emprendiera un diálogo.

—¿Qué estás cocinando?

—¿Qué deseas comer?

—Pues ya que me das a elegir, te diré.

Silencio. Esteban Robledo no apuró las siguientes palabras.

—Quiero un plato... En el que estás tú como ingrediente central.

Se rondaron durante varias semanas, sabiendo ambos que el deseo común era deponer las armas y entregarse al otro. Fue necesario forzar el episodio que recordaron el resto de sus vidas como el diálogo de los papelitos. Nicolás Antela ingresó en el auditorio en que Esteban Robledo asistía a una conferencia. Estaba a medio llenar y olía a mezcla de muchos perfumes con aire acondicionado. No le fue difícil encontrarlo, aislado en una fila de sillas, porque la suya era una loción de la que nunca supo el nombre ni los ingredientes pero que lo identificaba a él y a nadie más en la vida. Se sentó a su lado sin que él se percatara. No le habló; optó por sorprenderlo de una manera que estuvo seguro le resultaría grata. Desprendió una hoja de la libreta de apuntes que llevaba en el bolsillo y escribió: “Buenas tardes, señor paisa”. Puso la hoja en el regazo de Esteban. Sólo entonces él descubrió su presencia. Con una avalancha de rubor viniéndosele encima desde cada célula, feliz además, robó el papel, lo dobló y lo guardó en su bolsillo (ex profeso al lado del corazón[3]). Arrancó otra hoja y la encabezó devolviéndole el trozo de felicidad:

—Es bueno tropezar con gente como vos en el camino.

Nicolás Antela, travieso, acercó su boca al oído de Esteban. Susurró:

—Ah, bueno, por eso estoy aquí.

Esteban Robledo se sacudió por dentro hasta la última vértebra. Continuó con la mirada puesta en el conferencista y el alma derramada sobre Nicolás Antela. Tembló.

—La verdad —escribió—, me dan miedo las palabras que tengo para vos.

—¿Por qué? Si han de ser buenas, pasarán la puerta.

—¿De veras no sabés por qué, pistiche?[4]

Usó el respaldo de un listado de canciones amadas para continuar.

—Lo que pasa —dijo con una caligrafía de letras despegadas y grandes que hacían el evidente esfuerzo de resultar legibles— es que si yo permito que alguna de mis palabras más difíciles salga, ya no voy a ser capaz de contenerme. No sé si entendés la situación.

Nicolás Antela no respondió. No lo miró. Esteban Robledo estaba dispuesto a impedir que su máquina de los amores continuara naufragando. Apuró:

—Me fascina esa cosa ambigua que manejás con las palabras. Pero a veces me gustaría sentarte en el fondo de un salón oscuro y vacío, apabullarte con un reflector que te ciegue y preguntarte, en nombre de mi tranquilidad y de la Virgen Santísima, qué buscás.

—No sabría qué decir. Las palabras se perdieron en mi mente... Tal vez se fueron detrás de una mariposa. A lo mejor eso ha sucedido.

—Si es eso, tomaré ya mismo mi red y me iré a capturar cuantas mariposas estén volando por ahí. Quizá logre capturar las suficientes para armar mi propio diccionario.

—Lo que no comprendo es porqué las siento revolotear en mi garganta. Torpemente chocan y no encuentran salida.

—En tal caso el asunto será mucho más sencillo y divertido, pues bastará con sellar tu garganta con un beso y... Hazme un obsequio.

—¿Qué obsequio? No tengo pendientes ni pañuelos encajados.

—Dime con las palabras exactas, sin ambigüedades encantadoras, que puedo mirarte mucho a los ojos, abrazarte despacio y besarte hasta que me muera.

Nicolás Antela acercó de nuevo su boca al oído de Esteban. Lo quemó con su palabra y con su aliento:

—Sí.

Y escribió en el papel:

—Lo que no quiero es que en algún momento el beso se torne amargo.

—¿Y por qué tendría que tornarse amargo?

—No sé, puede pasar —escribió. Y terminó con su voz—. Ahora debo irme. Son muchas cosas que se deben hablar.

—Nicolás.

—Dime... Esteban.

—Nada. Es que me gusta pronunciar tu nombre.

—¿Me podrías llamar hoy?

—Te llamaré, Nicolás.

—Bien —escribió Nicolás Antela. Y con la voz:—. He de escucharte esta noche —y de nuevo en el papel:—. Dime sólo adiós. O, mejor, hasta pronto.

—Hasta pronto, pistiche. Aquí va el beso que después no seré capaz de mandarte por teléfono. ¿Sabés una cosa?

—Dime.

—¿No te burlás ni me cogés miedo?

—Dime.

—Yo creo que... a ratos... (no me atrevo a decir que más)... estoy un poco muy... No, nada. Lo que pasa es que yo a ratos estoy un poco muy enamorado de vos.

Otro silencio. De voces y de letras. Que fue roto por quien debía serlo.

—¿Por qué habría de cogerte miedo o burlarme de ti?

—Porque la gente que se enamora de uno, a veces produce miedo o ganas de reírse. O de irse.

—Reírse: irse dos veces, con una risa en la vida. Hay que tomar algunos tragos.

—Hay que tomar algunos tragos, pistiche. Ahora vete. Pero llega a tiempo para recibir mi llamada.



[1] (cita 3 en el texto )“La desesperación está sentada en un banco”, poema incluido en el volumen titulado Palabras. Prévert es en el siglo veinte el poeta que de manera menos meliflua y más cierta escribe himnos al amor. Quizá porque está maldito y enamorado, y se va a suicidar. Para el caso de que la traducción no sea del todo satisfactoria, he aquí los versos originales: Que jamais plus vous ne vous envolerez/ Quittant un arbre pour un autre/ Comme ces oiseaux.

[2](cita 4 en el texto )Amor. Pequeña loca cosa que se instala en el corazón de los hombres y produce peligrosos desafueros. También a las mujeres les ocurre en veces, pero no viene al caso. Ni unos ni otras logran entender jamás los efectos; en cuanto a las causas, son identificables siempre pero el individuo portador no tendrá voluntad de eliminarlas (aquí, parte de la problemática personal que el asunto conlleva). Sólo cuando la entidad causante de la infección es un individuo del mismo género, las consecuencias tienen el potencial de alterar el curso del mundo, aunque en tales eventos la infección suele ser bastante pasajera y por esta razón en muy escasas oportunidades hay la tal alteración. Eventualmente la infección salta al cerebro y entonces el fenómeno se torna de veras delicado, pues, como si de un virus informático se tratara, los sistemas del organismo entran por su causa en una situación de descontrol que, de no eliminarse a tiempo la causa —por el único procedimiento factible del olvido—, llevará al individuo portador a un colapso generalizado del que finalmente su capacidad de razonamiento saldrá por completo trastocada. El individuo perderá en tal estadio el control de sí mismo y, en una suerte de trágica paradoja, gozará levantándose en su propia contra. Quizás el satírico español Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580-Villanueva de los Infantes, 1645) haya logrado la comprensión del asunto, según se desprende de la estrofa final de su célebre Soneto 126: Creer que un cielo en un infierno cabe,/ dar la vida y el alma a un desengaño;/ esto es amor: quien lo probó lo sabe. Un contemporáneo de Quevedo, el ex clérigo neogranadino Juan Rodríguez Freyle (Santafé de Bogotá, 1566-1639?), apuntó a la sazón en su compendio de habladurías conocido como El carnero: “El amor es un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una gustosa y fiera herida y una blanda muerte. El amor, guiado por torpe y sensual apetito, guía al hombre a desdichado fin”. Entre tanto, dada la infortuna de los científicos para ocuparse del fenómeno, otro ente peninsular, éste la Real Academia de la Lengua, ofrece un acercamiento desde la lexicografía con alguna posibilidad de resultar útil; es de notable lucidez la primera de las catorce acepciones que del término recoge en su importante diccionario: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” (vigésima segunda edición, preparada en conjunto con sus correspondientes de América y Filipinas). La cuarta acepción lo relaciona con la unión sexual y alguna otra con el mismo apetito, pero en los animales. También dichas formas revisten algún interés para el propósito de esta novela, pues con frecuencia los enfermos son atormentados por la idea de que la afección ha comprometido sus partes genitales (diferentes ramas de la medicina y los estudios espirituales, incluyendo la anticiencia del sicoanálisis, han comprobado, no obstante, que esta idea carece de sentido y que los efectos del así llamado amor en el sistema genital son en realidad causados por sofocaciones hormonales propias del devenir orgánico). //hacer el-: permítasenos anticipar la definición del dramaturgo borealiano David Estévez (Sucumbíos, 1957-Medellín, 2000), quien años antes de rodar hacia la disolución final, primero de su cuerpo y luego de su alma, el día 12.005 de su existencia se refirió al asunto: “Según el lenguaje de la mariconería mundial, es cuando uno penetra, se come, al otro por detrás. En esta medida es uno solo el que hace el amor y al otro se lo hacen (…) En mi concepto el asunto es más cursi y encantador. Hacer el amor consiste en estar con alguien, encontrarse las dos almas y los dos cuerpos, que te permita decirle de todas las maneras cuánto lo amas y te diga, aunque sea en silencio y aunque sea por ese rato, que te ama mucho”. El mismo personaje, como tendrán oportunidad de verificar los lectores atentos, descubrió que el amor es el tema más importante de la humanidad.

[3] (cita 5 en el texto )Pues a pesar de que los recientes trasplantes de cerebro han dado pie para corroborar la idea de que es dicho músculo el que —no controla, pero— se ocupa de asuntos como el amor, es el corazón al que el romanticismo de todas las épocas consolidó como el órgano en que reside la virtud humana de amar. Mantendremos, así, su estatus de símbolo de todo lo relacionado con tal virtud.

[4] (cita 6 en el texto )Para no enlodarse en la frialdad de sus nombres ni apenarse con los apodos ridículos de los enamorados, aunque aún no se declaraban como tales, habían optado por nominarse uno a otro con los apelativos de sus regiones de origen. Pero existía en ello un humorístico desbalance, ya que mientras los paisas eran celebrados como la nación más brava y sagaz de Colombia, los pistiches eran aquella a costa de la cual más gracejos se hacían en Borealia.